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01 noviembre, 2007

La alianza entre puritanos y pornógrafos

El pintor sorprendido por una admiradora desnuda (detalle)El lenguaje de la pornografía es a menudo demasiado parecido al del puritanismo. En un artículo sobre el linchamiento mediático-moral sufrido por Lucien Freud a raíz de la exhibición de uno de sus cuadros, Rafael Argullol reflexionaba hace un par de años sobre las coincidencias entre estos extraños compañeros de cama ¿Es la sociedad occidental tan libérrima y desinhibida como parece, o las antiguas prohibiciones han sido sustituidas por otras de nuevo cuño?, ¿no es un poco raro ver a tanto mariquita mediático ejerciendo de guardián de la moral y las buenas costumbres (sea en cuestiones de drogas, sea de sexo)? Algunas respuestas:
«Los nuevos puritanos no pertenecen, en realidad, a ningún país en concreto, sino que ejercen como representantes de la moral única, aquella que todos debemos aceptar con la misma naturalidad con que asumimos que el capitalismo es el único modelo aceptable. Para ese nuevo puritanismo, es perfectamente lógico sustentar la gigantesca industria de la pornografía mientras se decide quién debe ser reo de inmoralidad. El nuevo puritano sabe distinguir nítidamente entre la depravación y el mercado, siendo este último, por esencia, inocente de todo cargo.

Lo auténticamente insoportable para la alianza entre puritanismo y pornografía es el erotismo, o la libertad e incertidumbre que éste comporta frente a la obscenidad del maniqueísmo moral. En nuestros medios de comunicación el cuerpo oscila entre la presentación en la carnicería y el sometimiento en el tribunal, entre la utilización y la condena. La prensa amarilla y la televisión container lo exhiben y lo destrozan con igual facilidad. La inmediatez que se exigen al puritano y al pornógrafo choca con la complejidad del descubrimiento erótico.

Y quizá sea este antisensualismo de nuestra sociedad, camuflado en un asfixiante exhibicionismo mercantil, el que explica hechos en apariencia tan ridículos como el de la acusación contra el perverso Lucian Freud por su último cuadro. Pero al puritano pornógrafo que lo desee se le podría dar, además de los nombres de Gauguin y Nabokov, una larga lista de pervertidos: Sócrates -¿recuerdan a Fedro?-, Dante y Petrarca -¿recuerdan a Beatriz y a Laura?-, y la mayoría de los pintores del Renacimiento.

Para el puritano todo es sospechoso de perversión, menos la pornografía.»
Los puritanos

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Balthus, Fouquet y Cirlot en Luminar XXI
18 febrero, 2006

Tetilla del diablo

Aquí sería más bien la lengua del diablo

En un proceso de brujería celebrado en 1593, el inquisidor, un hombre casado, por lo visto descubrió un clítoris por primera vez, lo identifico como una tetilla del diablo:

"pequeño bulto de carne, con forma protuberante como una tetilla, el carcelero al percatarse de él no quiso revelarlo, pues se hallaba junto a un lugar tan secreto que no era decente mostrar, sin embargo, reacio a ocultar asunto tan extraño lo mostró a los circunstantes, quienes jamás habían visto nada igual"

La presunta bruja fue declarada culpable.

Monólogos de la vagina

04 febrero, 2006

Elogio de la vulva

El fruto prohibidoUn magnífico artículo sobre el sexo femenino en la muy recomendable Henciclopedia. ¡Pussy Power!
"Negaron frecuentemente los santones de la filosofía toda relación entre lo espiritual profundo y lo sensorial (que no tiene poco de profundo). Organizaron la separación de lo carnal y lo espiritual en una pachanga de contradicciones, necedades y cegueras. La alta filosofía para el espíritu; para los sentidos la estética, arte menor del intelecto, de abajo. Sus buenas conciencias taparon los agujeros de las vulvas con discursos de rencor, culpa e ignorancia. Secaron cada gota de jugo vulvar con faldones de santidad hipócrita. Cogían a escondidas. Se empeñaron en medirlo todo con el parámetro de una inteligencia perversa, subordinada a silogismos antropocentrístas. Negaron el desarrollo de la estética pegada a la vida y cerraron el camino de saberes que entre otras muchas cosas exigen libertad. Pero siempre queda esa clandestinidad de las verdades más rebeldes como recurso. En medio de vicisitudes, sabotajes, tergiversaciones, manipuleos, chantajes, malversaciones y corrupciones, sobreviven incandescentes las locuras amorosas y pasionales que emanan de las vulvas. Son irreductibles."
Estética de las vulvas
Fernando Buen Abad Domínguez
28 mayo, 2005

El cuerpo deformable

... Vieron que estaban desnudos y cosieron hojas de higuera para vestirse...Ninguna comunidad consiguió ser tan contradictoria con el cuerpo como la cristiana.

Todo el mundo copula con el mismo entusiasmo en todas partes. Pero no todos del mismo modo. Existen tradiciones que hicieron de la sexualidad una espléndida liturgia de aromas íntimos, oposiciones fantasiosas y sutilezas místicas. Los chinos clásicos, por ejemplo, creyeron que se puede conquistar la inmortalidad por la prolongación del coito. Y la eterna juventud por el trato con las muchachas. El sexo es espíritu, puerta, para los gnósticos.

En el cristianismo, a pesar de la satanización criminal del deseo, la experiencia de la divinidad está emparentada con la exaltación sexual. Los psicoanalistas de los éxtasis de Santa Teresa y los otros héroes de la mística cristiana asimilan por razones semánticas, metafóricas y fisiológicas la explosión orgásmica al arrebato superlativo de los santos.

No todos los indios son tántricos. Gandhi mantuvo una relación tormentosa con su carne, siendo tan poca, muy cerca de la infamia católica, que condenó la realidad del cuerpo reduciéndolo a la condición del sucio soporte, efímero e irreal, de una hipótesis.

Sexo límpido consentido y domésticoMonte Ávila de Venezuela publicó hace años un libro clásico sobre la vida sexual en la antigua China. Según el autor, Van Gulik, la vieja China conservó el sexo límpido, consentido como un goce doméstico, y desconoció en consecuencia la peste de los abusadores de niños y los maniáticos abstrusos, superabundantes entre nosotros. Como el hombre que se vestía de payaso para atraer a las víctimas de sus brutalidades homosexuales. Y cuyos tiernos bagazos sepultaba bajo unos rosales de Chicago. O la familia de maestros norteamericanos en cuya escuela de sádicos sometían a los alumnos a un tratamiento intensivo de crueldad, desgarramientos anales, bestialismo y culpa. El extremo sacramental de la sexualidad del puritanismo. El deseo realizado como retorcimiento espiritual. Como venganza contra el ideal canónico de pureza.

La exacerbación del sentimiento cristiano del cuerpo como enemigo, heredado tal vez del maniqueísmo, agudiza las tendencias aberrantes. El ansia de retar al infierno y penetrar los abismos de la transgresión. No existe en el orbe católico un libro como los tratados del amor musulmán, o tántrico, o chino.

Las mujeres son muy, muy malasHoy proliferan los libros sobre la lucha de los sexos, en reemplazo de los libelos del pasado que identificaron a la mujer con el diablo. La emasculación de Orígenes es una imagen extremista de un repudio mezquino.

Los primeros misioneros en América confundieron la inocencia con la desvergüenza de los aborígenes. Que copulaban sin misterio y sin asco. Y andaban por el mundo como Dios los hizo. Lo primero que hicieron fue vestirlos. Y luego los pusieron en contradicción con sus pulsiones más hondas, poderosas, inevitables.

Pero la sofisticación de la negación del placer orgánico no es privilegio del catolicismo. Los santones arios ensimismados en sus visiones vacías, Sócrates resistiendo a la belleza de los jóvenes y las purificaciones ascéticas de los reyes precolombinos en sus casas del llanto expresan el mismo inescrutable malestar del cuerpo, hecho para la dicha y para la muerte. Los cronistas dejaron testimonios delirantes de las orgías de los mexicanos. Un pueblo unánime se entregaba al escarnio. Al desangre turbulento. A la autoflagelación. Al sacrificio multitudinario a los dioses de pesadilla.

Sin embargo, ninguna comunidad consiguió ser tan contradictoria con el cuerpo como la cristiana. Ninguna sacralizó la inocencia de los niños, una forma de pagarles la exclusión radical de la sexualidad, y ocultó con tanto celo y vergüenza sus labores amatorias. Y al mismo tiempo abusó de los niños sistemáticamente en las sacristías, los colegios y los hogares.

Además vivimos al mismo tiempo bajo la dictadura del miedo y la tiranía del desnudo. Todo el mundo quiere desnudarse. Todos los que pueden se desnudan. Los muros están llenos de mujeres y hombres desnudos que venden cosas. O a sí mismos. Los periódicos, las revistas, la televisión, el cine. Como si escapando de la sórdida, arcaica aniquilación teológica de la carne rebajáramos aún el milagro, la gloria y la miseria del cuerpo en la mercadotecnia. El cuerpo ha dejado de ser, por fin, entre nosotros, un problema del alma. Y acabó revelándose en la feria de las siliconas como baratija plástica, como el producto insulso del gimnasio.

Eduardo Escobar en El Tiempo de Colombia
Encontrado en Libro de Notas

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