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26 enero, 2009

Black is beautiful

Sin palabras
De You and me on a Jamboree
Various Artists - A Scorcha From Studio One [1969]

18 abril, 2006

Todas las mujeres son una para el que ama

Unio Mystica, por Andrew Gonzalez. Pincha para ampliarRecientemente vi Rembrandt, una espléndida película de Alexander Korda que no sería lo mismo sin la excepcional interpretación de Charles Laughton. Dos secuencias de la película me llegaron muy hondo. A la primera le corresponde la transcripción del diálogo que sigue más abajo. La segunda nos muestra a un Rembrandt viejo, arruinado y enfermo coincidiendo en una taberna con unos pintores jóvenes y sus hermosas amantes, que en un principio no lo reconocen y le invitan a unos tragos para reírse de él. Toda la película es una delicia, pero la escena citada y la que va a continuación fueron para mí los momentos cumbre. Esta transcurre también en una taberna, donde los parroquianos se burlan del pintor por seguir enamorado de su esposa Saskia tras siete años de matrimonio. Rembrandt no se inmuta ante las chanzas y les cuenta esta historia.
«-Había una vez un hombre en la región de Ur. El Señor le concedió todo cuanto el corazón humano pudiera desear, pero por encima de todo ese hombre estaba enamorado de su esposa.
-Debía de tener un secreto.
-Lo tenía.
-Me gustaría conocerlo.
-Una vez tuvo una visión. Una criatura, mitad mujer, mitad niña, mitad ángel, mitad amante, pasó rozándole. Y, de repente, él supo que cuando una mujer se entrega a un hombre, éste posee a todas las mujeres. Mujeres de todas las edades, clases y razas. Y más que eso: la luna y las estrellas, todos los milagros y las leyendas. Son tuyas las muchachas de piel morena que inflaman tus sentidos con sus juegos. Las serenas mujeres de cabellos dorados que te incitan y te rehúyen. Las dóciles que te sirven. Las delgadas que te atormentan. Las madres que te engendraron y amamantaron. Todas las mujeres que Dios creó de la prolífica fecundidad de la Tierra son tuyas en el amor de una sola mujer.
-¿Cómo?
-Echa suavemente un manto de púrpura sobre sus hombros y se convierte en la Reina de Saba. Apoya ciegamente tu despeinada cabeza sobre su pecho y será Dalila, esperando para sojuzgarte. Quítale sus adornos, despoja su cuerpo hasta el último velo y ella es la casta Susana, cubriendo su desnudez con manos temblorosas. Contémplala igual que contemplarías a mil mujeres extraordinarias, pero no la llames nunca "tuya" porque sus secretos son inagotables y nunca llegarás a conocerlos todos. Llámala por un solo nombre. Yo la llamo Saskia.»

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