10 julio, 2005

Cristianismo, pornografía y sexualidad

El demonio de la lujuria al asalto de la pureza angelicalComo destacaba Michel Foucault en el primer volumen de su Historia de la sexualidad, los occidentales hemos desarrollado la scientia sexualis en detrimento de la ars erotica, cultivada con mimo por las tradiciones esotéricas orientales y (en menor medida) por el paganismo precristiano. Como consecuencia, nosotros hemos producido obras como los manuales de teología moral, el Psychopathia Sexualis, de Krafft-Ebing, o todas las variedades de pornografía extrema que se pueden encontrar en cualquier sex-shop, mientras que ellos nos han dado El Jardín Perfumado, el Ananga Ranga, el Kama Sutra o La alfombrilla de los goces y los rezos (más expresivo es su título en inglés, The Carnal Prayer Mat), entre otras muchas obras que celebran los placeres eróticos, poniéndolos a menudo en relación con el éxtasis místico.

Pornokrates, de Felicién RopsCon frecuencia olvidamos que, como supo ver el filósofo francés, no hay oposición alguna, sino una continuidad absoluta, entre las invectivas contra el sexo y el cuerpo de los padres de la Iglesia y la mayoría de las producciones que nos llegan de Pornolandia. El desprecio de lo femenino, el regodeo en la suciedad y el asco, el abuso de la transgresión, la asociación entre sexo y violencia, la doble moral (que, pese a la cacareada revolución sexual de los sesenta, sigue gozando de una salud de hierro), forman parte de una herencia de indudable raíz clerical. Para comprobarlo, nada mejor que asomarse a las páginas de Historia sexual del cristianismo, una obra de Karlheinz Deschner donde se examinan con lupa las causas y las consecuencias del radical dualismo cristiano (o mejor dicho, paulino y agustiniano, ya que nada de esto se puede encontrar en las enseñanzas de Jesús de Nazaret) desplegado en torno a cuerpo y alma, materia y espíritu, Cielo e Infierno.

Ángeles y demonios según EscherEste libro se puede encontrar en la Red gracias a un amable internauta que se ha ocupado de ponerlo en su web pero, dado que los e-books no han alcanzado todavía un formato manejable y práctico, es muy recomendable hacerse con esta obra en la edición publicada por Yalde. Por de pronto, y para abrir boca, aquí va un breve fragmento donde Deschner destaca con qué facilidad se puede convertir la pretensión de erradicar la dimensión sexual de la persona en una obsesión erótica rayana en el delirio:

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«Si expulsas a la naturaleza...»

En cualquier caso, la lucha contra la «carne» la renuncia a las rela­ciones sexuales, estaba en el punto central de los excesos de la debilidad que los clérigos han admirado hasta hoy. Por debajo de todas las prácticas ascéticas, de la abstinencia ascética, de aquellos tormentos y torturas as­céticos que, eventualmente, culminaban en el suicidio, la preservación de la castidad fue siempre «la corona y el centro» del cristianismo.

Las tentaciones de San Antonio, de Félicien RopsPues la ascesis sexual es la carga más abrumadora; y, a buen seguro, la que más esclaviza. Es cierto que San Agustín la proclamaba como «fuente de libertad espiritual», pero de hecho pocas personas hay tan poco libres espiritualmente, tan agitadas por el deseo, tan atormentadas por visiones voluptuosas como los ascetas. ¡No fue una casualidad que el peor período de la locura penitencial tras la caída de Roma fuera también el de mayor incultura! Pues quien quiere dominar la sexualidad permanentemente, es permanentemente dominado por ella. Es la abstinencia lo que la convierte en desmesurada, en irresistible, lo que, como dice Lutero, hace del corazón del casto que «piensa en la fornicación día y noche», «un auténtico burdel» y le acomete «como un perro furioso». Si el casto se lanza desnudo entre las hormigas, como Macario, o se revuelca sobre espinas, como San Benito («se tiende sobre espinas y se araña furiosamente el trasero». Lutero, Charlas de sobremesa), si se azota el cuerpo o se arranca la carne, el instinto subyugado simplemente se venga; en una palabra, se vuelve tanto más salvaje e incendiario cuanto más es negada la naturaleza; entonces, el instinto aflige al asceta con más vehemencia y éste, con frecuencia, emplea toda su fuerza en la lucha contra la tentación.

Detalle de Las tentaciones de San Antonio, de Jan Wellens De CockEsto se ha reconocido desde muy pronto, y por todas las partes. Pues no sólo Horacio escribió: «si expulsas a la Naturaleza a golpe de horca, regresará»; luego parafraseado enfáticamente por P.N. Destouches: «Chassez le naturel, il revient au galop». El prior Casiano también lo sabía: «la dificultad de la lucha crece en proporción a la fuerza de cada cual y al desarrollo humano». No obstante, no se extraía de ello la única conclusión razonable, sino que se renovaba constantemente el llamamiento a la lucha y, así, muchos iban tambaleándose desde una neurosis hasta la otra, hacia tinieblas cada vez mayores, con ataques de locura que conducían hacia la misma locura, como admite San Jerónimo. El propio Jerónimo confiesa que fue trasladado en medio de unas jóvenes danzarinas mientras, sobreexcitado por el cosquilleo sensual, hacía compañía a los escorpiones y las bestias: «Mi rostro estaba pálido por el ayuno, pero el espíritu ardía dentro del cuerpo frío por los cálidos deseos, y en la fantasía de una persona muerta a la carne desde hacía tiempo no hervía nada más que el fuego del placer maligno» (10).

Historia Sexual del Cristianismo
06 julio, 2005

La otra cosa

El pasado 2 de julio, José Antonio Millán publicaba en Babelia la reseña de dos libros sobre sexo (Lujuria, de Simon Blackburn y Pensar la pornografía, de Ruwen Ogien). Me gustó mucho lo que decía sobre el segundo de ellos, y lo pongo aquí antes de que desaparezca de la web. He subrayado algunos puntos de contacto entre lo que cuenta Ogien sobre el porno y la percepción de las drogas:

"Pero de esto último quien sabe más es el filósofo moral Ruwen Ogien. Pensar la pornografía es un libro más árido que Lujuria: está escrito con la estructura lógica y el escalpelo de un filósofo analítico, y el resultado es frío (lo que quizá convenga a lo caldeado del tema). Ogien realiza un clarificador recorrido por la historia de las definiciones del concepto, que abundan, por la sencilla razón de que legisladores y educadores han venido considerando necesario proscribir el acceso a determinadas representaciones de contenido sexual. La revisión histórica es muy curiosa: mientras la pornografía era patrimonio exclusivo de las clases acomodadas, la cuestión no se considera problemática. Pero cuando aparecen los medios técnicos de reproducción (de la imprenta popularizada a la fotografía) la cosa cambia: "Las personas con opiniones hechas dicen que esas imágenes causan un considerable perjuicio a los demás", escribía Bertrand Russell, "pero ni una sola de aquéllas quiere reconocer que les han causado perjuicio a ellas". Y el tema de la protección de los más indefensos (antes, las clases populares; hoy, los niños) es constante en el discurso sobre lo pornográfico.

El papel educativo del pornoLa extensión de Internet ha provocado un auge desmesurado en la oferta y el consumo de pornografía (en esto último España está muy a la cabeza de los países de nuestro entorno), lo que hace aún más necesaria la revisión que plantea Ogien. Los puntos debatidos son variados; por ejemplo: la pornografía, ¿puede considerarse educativa? Hay que reconocer que el cunnilingus y la estimulación clitoridiana deben más a este género que a cualquier manual de educación sexual... ¿Es una forma insidiosa de discriminación sexual? Dependiendo de los estudios y las fuentes (y una baza clave de Ogien es presentar las encuestas "científicas" en su contexto ideológico), o bien la mujer es objeto único de degradación en las representaciones pornográficas: sometidas, violadas, golpeadas; o bien éstas degradan por igual a mujeres y hombres (muñecos erectos siempre disponibles); o bien, no hay degradación alguna. Otros temas a los que se pasa revista son los fenómenos de "saturación" ante el consumo constante y las dependencias psicológicas (o adicciones), o el sesgo homosexual (masculino) que puede estar tomando subrepticiamente la pornografía (heterosexual) contemporánea, con su énfasis en las felaciones y en la penetración anal.

Muñeco erecto a punto de degradar a una mujerLa pregunta clave del libro es: ¿qué molesta, en definitiva, de la pornografía? Para Ogien está claro: que, a pesar de datos y estudios que señalarían su (relativa) inocuidad, choca con preconceptos demasiado arraigados sobre lo que debería ser la sexualidad humana. Y esto no puede extrañarnos: se trata de un tema que no sólo lleva preocupándonos desde mucho antes de Platón, sino que además tiene grandes implicaciones políticas: cualquier postura, a favor o en contra, crea extraños compañeros de cama, como el apoyo (luego lamentado) de cierto feminismo norteamericano a las posturas prohibicionistas provenientes del estamento más reaccionario del país. Cualquier control, por otra parte, exige definiciones claras de lo pornográfico, y éstas pueden (lo sabemos desde el Ulysses joyciano, y aun antes) convertirse en formas de censura.

Y es que ante el deseo, la lujuria (o sus representaciones), es difícil permanecer impasible, incluso con sentimientos contrapuestos. Quizá nadie lo retrató mejor que Woody Allen: "Vivimos en una sociedad demasiado permisiva. La pornografía nunca se había exhibido con tal impudor. ¡Y encima las imágenes están desenfocadas!".

La otra cosa
José Antonio Millán
16 junio, 2005

Weblogs eróticos

Las apariencias engañanHe estado visitando los weblogs eróticos que se presentan al concurso del diario gratuito 20 Minutos y el resultado ha sido bastante decepcionante: poesía chunga, fantasías de manual, pajilleros con pretensiones, cuarentones jugando a la colegiala caliente... un desastre.

Echo de menos el primer weblog hispano de este tipo que conocí, ya abandonado pero aún accesible a través de The Archive. En botella de cristal era obra de un anónimo erotómano madrileño (firmaba como Agua) que no se paraba en barras a la hora de contar sus proezas sexuales o sus más salvajes fantasías. El weblog olía a verdad, a sudor y a todo tipo de fluidos corporales y, sobre todo, transmitía su pasión por el sexo sin barreras y una insólita ternura. Era como una versión reducida, pansexual y cibernética de Mi Vida Secreta, de otro autor anónimo, en este caso de la Inglaterra victoriana, cuando el placer del sexo iba inextricablemente unido a la transgresión y podía llevarte al trullo. Vale la pena citar a Walter, incansable follador y, al mismo tiempo, eternamente agradecido a las mujeres:

Una idea un poco literal del cibersexo"La imaginación desempeña un papel fundamental en todos los actos de amor y lujuria, que son términos casi sinónimos. Todos los afectos humanos están engendrados por el acto de la copulación y sus preliminares. El bruto, para quien una mujer sólo es carne fresca con un agujero para joder, el hombre sin imaginación, incapaz de la elevada sutileza de los placeres sexuales, que folla cuando su semilla le intranquiliza el pito, el bruto que sólo entonces piensa en su mujer y le da una palmada en el trasero despidiéndola tan pronto como ha terminado, él es el bestia, porque sólo él hace exactamente lo que hace la bestia, el animal, y nada más (...) Las mujeres han sido el placer de mi vida. Amaba el coño, pero también a quien lo tenía; me gustaba la mujer con quien follaba, y no sólo el coño donde lo hacía"

De Mi Vida Secreta

Para una reivindicación del pobre Walter (maltratado por moralistas de toda laya) y de su monumental obra (once volúmenes), nada mejor que el Retrato del libertino, una de las obras menos conocidas de Antonio Escohotado.

Volviendo a los sexblogs, entre toda la morralla que aspira al premio de 20 Minutos debo salvar al menos el rincón de La Petite Claudine, cuya autora trata el sexo y el erotismo con elegancia, inteligencia y un sanísimo sentido del humor (se habla mucho del sexo sin amor, pero poco del sexo sin humor, un pecado no menos grave). El weblog de Claudine (seudónimo sacado de un personaje de Colette) no es exclusivamente erótico, pero este tipo de cuestiones tienen allí un peso importante. Cabe destacar su serie por entregas 10 to anal, un pequeño manual de introducción a la sodomía (según la descripción de su autora) deliciosamente maquiavélico.

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